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Les va el cuero, practican la patilla larga y se les conoce por viejos rockeros. Pero hay que desmontar tópicos: aunque mamaron la música a tragos largos y cultivan los acordes con sabor a whisky mejor que nadie, lo suyo maduró en barrica y viene etiquetado como Gran Reserva. Los años a lomos de un escenario les han dado cuerpo, sus bajos y guitarras gastan color burdeos y se llaman The Winemakers. Leyendas de la movida y habituales de la escena musical madrileña de las cuatro últimas décadas, han querido reunirse ahora para echarle un brindis a la vida, y hacerlo con buen vino. Lo que suene entre tanto, es cosa suya. Y de otros tantos ilustres de la New Wave y del pop-rock inglés cuyas versiones celebrarán que la música también se toma en copa. 

Pilar de Haya ejerce de voz, de musa y de fusta de esta banda de bebedores elegantes y canallas. En los ochenta, con sólo 20 años, se estrenaba como Titania con un disco de presentación a cargo de Joaquín Torres, productor de Los Secretos, y con Millán Salcedo como padrino. Compartió escenario con artistas como Shakira y Lisa Standfield y lideró el girl-power madrileño durante una década con el mítico Honky Tonk como bandera y la cabina de DJ de oficina. 15 años de andadura más tarde y con una sólida carrera profesional en el mundo del vino y la gastronomía a sus espaldas, la benjamina entre tanto curtido rockero vuelve a reunirse con sus viejos camaradas porque sabe que el rock'n'roll, como el vino y un buen bolso, cuanto más vintage, mejor. 

Lo de Juanma del Olmo con la música es puro vicio. Su nombre de guerra es Juanma Elegante y no es casualidad; su guitarra comenzaba a sonar a finales de los 70's con los Zombies, pero fue como rubio oficial de Los Elegantes cuando se grabaría a fuego en los anales de la música española. El resto es historia, como el disco que Elliot Murphy les produjo en su última etapa. Ha estado de gira con La Frontera y más tarde en bandas como Sticky Fingers, Spanish Bombs -cuyo nombre surgía de cañas por San José con Joe Strummer y Paul Simonon de The Clash– o Greenwich Village, donde repasan lo mejor del rock americano de los 70; ha ejercido de productor de discos para grupos como los Desperados y ha sido programador de acústicos para gentes como Pablo Carbonell, José María Granados o Enrique Urquijo. Polifacético y multidisciplinar, compaginó la música con el derecho, las artes gráficas y la docencia. Hoy los singulares talleres de escritura creativa impartidos por este poeta encubierto tienen tanto predicamento como su guitarra, y todavía le queda tiempo para divertimentos como la imagen de los Winemakers, que corre de su cuenta. Pero no le obligues a elegir, porque lo más probable es que su moto escape en dirección a una puesta de sol... y una buena copa de vino. 

Steve Javier González se crió arrastrando el faldón por los escenarios. Su tío Agustín era actor, su tío Manolo el bajista de Los Brincos, y la casa de sus abuelos, parada y fonda de gentes como Miguel Ríos, Mike Kennedy o Juan Pardo. El bajo acabó saliéndole por los poros, y lo ha paseado con elegancia durante las últimas décadas: primero con Rock Royce, luego con El Refugio y, más recientemente, con Greenwich Village junto a Juanma, Basilio Martí o Nacho Béjar, de cuya banda también fue bajista. Ha pateado escenario junto a Alvaro Urquijo, Ariel Roth, Ramón Arroyo y Quique González, y todavía le ha sobrado tiempo para el periodismo, firmar un par de guiones junto a Juan Estelrich y, si todo va bien, producir un primer largometraje junto a su mujer y socia, Mercedes, a cargo de la directora francesa Dominique Abel. No se le ocurre mejor manera de celebrarlo que con los Winemakers. 

Basilio Martí cambió un buen día el periodismo por la música, y su carrera como compositor y pianista le dio la razón. Miembro de la banda del desaparecido Antonio Vega durante veinte años, ha colaborado con nombres como Quique González, Marta Sánchez, Malú y Hombres G; ha desarrollado una carrera en solitario de la que el álbum Lapsus compuesto en Nueva York es su nueva entrega, y compone para cine, TV y publicidad de manera regular. Músico refinado y arreglista exquisito que sustituye el teclado por los guantes de boxeo con la misma destreza, Basilio sabe, como sus compadres de Greenwich Village y los Winemakers con los que se lanza a la aventura, que el mejor lugar para un tipo duro es el escenario, y el mejor reconstituyente tiene taninos.

Con 16 años y algo de acné, Charly Hens entraba a formar parte de Los Elegantes y su nombre se sumaba al de una Movida que por aquel entonces todavía escribía su propia historia. Aquella legendaria etapa duró 13 años tras los cuales el batería seguiría su propio camino junto a grupos como Glutamato Yeyé, Ciudad Jardín o Berlín Blues y artistas como Nacho Béjar o el recientemente desaparecido Germán Copinni. Actualmente este obrero de la música, como a él le gusta definirse, reparte su tiempo viajando por España con la J. Teixi Band, colaborando con distintas bandas de la noche madrileña como Sticky Fingers o Charly & The Coconuts y enseñando cómo darle a los platos con estilo. Su receta para la felicidad: ver cumplido el sueño de todo batería de vivir en el campo y seguir disfrutando de la música, los amigos y el buen vino. Lo que se dice, un tío con clase.

Culto y refinado, la elegancia corre a cargo de Carlos Regueira. Este curtido publicista y dedicado pintor que colaboraba como ilustrador de revistas y fanzines, como él dice, desde antes de la Movida, ni es músico ni falta que le hace. Sabe que esta banda de vividores tiene que gastar, como él, carácter y actitud a raudales. Y predica con el ejemplo. Porque los Winemakers son un tributo a esos rockeros sin instrumento que nunca se han perdido un concierto,  ni han dejado de celebrarlo. 

Y porque catar es, para The Winemakers, tan importante como tocar, la suya no podía ser una banda sin sumiller. Eminencia en el mundo del vino, colaborador habitual de las revistas del sector, suplementos semanales y diarios de tirada nacional, autor de libros especializados, formador de sumilleres y asesor de bodegas y más de 80 restaurantes, ahora se estrena como consejero de una banda de rock'n'roll para que cada concierto sea de la mejor añada y deje una dulce resaca. A las copas pues... ¡Juancho Asenjo!

Y el mensaje, sólo uno: a beber se aprende, pero la buena música entra sola.

Leticia Echávarri.

 

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